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«Quise difundir esta historia con final feliz, para que otras familias se motiven a adoptar en Chile»

Sylvana Gálvez, la autora detrás de 'Una niña poderosa', cuenta la génesis del libro y de la adopción de la pequeña Nachelle.

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Sylvana Gálvez se autodefine como una mujer multifacética: madre de dos, diseñadora en comunicación visual, coach personal y organizacional, huertera y yogui.

El año pasado escribió un libro infantil sobre su hija adoptiva, Nachelle, en una autoedición que ha sido bastante exitosa. En Cofibreik quisimos saber más de su historia.

¿Cuándo adoptaron?
Adoptamos en marzo 2020, pleno inicio de pandemia.

¿Cómo fue el proceso?
La idea de adoptar nació en Australia, mientras hacíamos un viaje. Unos amigos nos comentaban que les encantaría adoptar, a nosotros nos gustó la idea y luego en Chile le fuimos dando forma. Nuestro hijo biológico Aarón, de 4 años, pedía a gritos una hermanita y nosotros sabíamos que lo mejor idea era darle a una niña o niño sin hogar la posibilidad de ejercer su derecho a tener una familia.

Tuve la idea de hacer una terapia psicológica, para saber en qué condiciones estaba para ser madre adoptiva, así que por más de un año estuve en eso, al final fuimos como pareja a mi psicóloga y tomamos la decisión de adoptar.

Averiguamos que SENAME era lo más ‘barato’: las fundaciones (privadas) cobran millones por hacerlo con ellas, así que fuimos a una charla, en diciembre de 2018. Ahí nos dimos cuenta que una recomendación es que si adoptas y tienes otro hijo, se deben llevar por dos años mínimo, así que teníamos que si o si elegir a una niña o niño de dos años de edad, ya que nuestro hijo tenía cuatro.

Paralelamente comencé a buscar casos de adopción, para saber su historia y proceso. El que más me conmovió fue el de una vecina del Cajón del Maipo que había adoptado soltera a una niña de 6 años en tan solo 9 meses, un proceso muy muy corto, porque no tenía grandes expectativas, no puso condiciones de edad ni raza, así que eso aceleró las cosas. Me contó que cuando llegó era muy flaquita, no sabía leer y al cabo de un tiempo muy corto ya había crecido y estaba aprendiendo a leer, que el amor todo lo puede.

Comenzamos a juntar los papeles, tendríamos que adoptar una niña o niño de solo 2 años, ya que nuestro hijo tenía 4. La verdad nos dijeron que teníamos cero posibilidad, porque sin estar casados postularíamos como solteros y había tremenda lista de espera para las niñas de esa edad, así que nos casamos en marzo de 2019 y presentamos un certificado de infertilidad, con esa jugada quedamos más arriba en la lista, ya que primero están los matrimonios, luego los matrimonios con residencia en el extranjero y de ahí los/as solteros/as.

Nos tuvieron que evaluar un trabajador social y una psicóloga para saber si éramos aptos o no para adoptar, eran 8 o 10 sesiones con cada uno, en nuestra casa y también en la consulta de la psicóloga, en ocasiones fuimos solos y también acompañados de nuestra familia, tuvimos que pedir cartas de apoyo de nuestros cercanos y fue un proceso de mucha incertidumbre, casi 3 meses expectantes a qué nos dirían, era como quedarse al desnudo, mostrando todo de ti para que vieran cómo eras y si estabas apto o no. Finalmente nos entregaron dos informes de evaluación y nos dijeron que si estábamos aptos. ¡Estábamos felices!

Nos presentaron el caso de una niña de procedencia haitiana que había perdido una parte de su intestino, comía por sonda, la había adoptado una familia chilena y al cabo de unos meses ya estaba recuperada. Nos preguntaron si estaríamos dispuestos a algo así y dijimos que si. Entonces, sorpresa, había un caso muy similar a ese y estaban buscando familia para esa niña. Nos entregaron sus antecedentes médicos, tenía 2 años, había sido prematura extrema, la operaron a penas nació, pesó menos de un kilo al nacer y se alimentaba por sonda, tenía una carpeta gigante llena de informes médicos, los cuales presentamos a una amiga pediatra y nos dijo que todo eso tenía solución, así que dijimos que si. ¡Ella era!

Fuimos a conocerla al hospital donde había vivido toda su corta vida, era demasiado alegre, simpática y despierta, la amamos a penas la vimos, era la regalona del hospital. Nos autorizaron a traerla a casa todos los días por dos semanas, para que comenzáramos el proceso de apego, resultó que en el auto se mareaba y vomitaba, pero con el tiempo eso fue pasando. Recuerdo cuando su hermano la conoció por primera vez, se agarraba la cara de felicidad, ya no podía más de la emoción de conocer a su hermanita, la esperaba con muchas ansias.

El 20 de marzo de 2020 fuimos a buscarla por última vez al hospital, ya nunca mas volvería, decoramos el auto con muchas flores de nuestro jardín, la pieza que compartiría con su hermano estaba decorada y la casa muy hermosa para esperarla. Todos estábamos muy felices, no nos importaba que tuviéramos que alimentarla por la sonda, porque sabíamos que era algo pasajero.

En resumen fue un proceso no tan largo, solo demoramos un año desde que entregamos nuestros antecedentes a SENAME hasta que llegó a su nuevo hogar.

¿Por qué quisiste escribir un libro sobre Nachelle?
Desde SENAME nos recomendaron escribirle su historia para que nunca se le olvide y yo dije, ‘ok, le haré un cuento’.
La verdad nunca pensé vender el libro, pero luego se fue dando y decidí hacerlo. Primero hice el libro, el invierno pasado en plena pandemia y quedó tan bonito, que comenzaron a pedirme más.

En la posta de las Vertientes, donde habito, imprimieron 60 ejemplares muy simples, en una impresora de oficina, corcheteados y los repartieron a todos los pacientes que ahí iban. Les gustó mucho, entonces comenzaron a pedir más y luego decidimos hacerlo con una imprenta de forma autogestionada: ahí imprimimos 100 y ya luego al venderlos muy rápido, imprimimos 1.000.

Lo que más me motivó a hacer el libro es difundir esta historia de adopción con final feliz, para que otras familias se motiven a adoptar en Chile, que sepan que si se puede y es posible, que no es tan difícil y hay muchos niñas y niños que lo necesitan, también muchas familias que pueden darle la oportunidad a esos niños y niñas de tener una familia, un hogar y amor, lo más importante.

¿Crees que podrías hacer más series, como suele ocurrir con los libros infantiles?
Si, estamos ya creando el ejemplar que viene y de seguro quisiéramos hacer más historias, tenemos algunos amigos de la niña poderosa que quisieran estar en estos cuentos, desde niños con síndrome de Down, niños autistas y también otros niños afro descendientes, algunos otros de pueblos originarios y así haremos historias muy entretenidas de alto contenido.

¿Cuánto dibujaste tu de el?
El libro lo dibujé por completo, hice cada ilustración, cada personaje, cree la historia y un amigo me ayudó con la traducción a francés, fue un proceso muy bonito, de creatividad y también de innovación, ya que no existen tantos libros, o quizás muy pocos, de literatura de adopción y específicamente afro descendiente en Chile.

¿Alguien te ayudó con los textos?
Si, antes de publicar el libro se lo mostré a varios amigos y amigas, me iban diciendo qué cosas le pondrían o qué le faltaba, así que igual fue una creación colectiva.

¿Cuán difícil fue la publicación?
La publicación fue relativamente fácil, ya que tengo amigos en el mundo de las imprentas, por haber estudiado Diseño en comunicación visual en la UTEM, así que salió rápido.

¿Cómo fue la sensibilidad con Nachelle? ¿Cómo llegaste a ella?
Desde que la conocí, pude en primera instancia acunarla, hacerle cariño, le enseñamos a dar besos, abrazos, a decir te amo, te quiero, nada de eso sabía hacer y también pasamos por un proceso de lactancia materna, solamente para fortalecer el apego seguro, o sea, mi objetivo no era que me saliera leche, si no que pudiésemos conectarnos más madre e hija y siento que lo logramos, ella pudo vivir la experiencia de tener esa cercanía con la madre, tomar de su pecho, mirarnos a los ojos y sentir esa conexión profunda.

¿Qué crees tú que nos está faltando en la sociedad chilena con respecto a la adopción, para incentivarla? ¿quizás muchas personas creen que es muy difícil el proceso y no lo quieren iniciar?
Creo que como país nos está faltando legalizar la adopción homoparental, porque muchas familias y parejas quisieran vivir esta experiencia de darle la oportunidad a un niño o niña para ser parte de su familia, creo que ese paso es muy importante para nuestra sociedad, el gobierno debe ponerse las pilas y agilizar el tema, también las organizaciones sociales presionar más en ese ámbito, porque así muchos niños y niñas podrían tener un hogar y cariño, en vez de estar en hogares y ser abusados, desaparecidos o muertos, como es la realidad en Chile.

¿Cuánta es la ayuda que podemos dar con niños? cuando no tenemos un niño con necesidades especiales?
Bueno, existen las familias de acogida que ayudan bastante para que los niños y niñas puedan acercarse a vivir la realidad de un hogar, esa podría ser una forma de ayudar en este tema, además de enseñarle a nuestros hijos e hijas el respeto por cada persona que habita este planeta, por cada ser, sobre todo si se topan con personas que tengan necesidades especiales, respetarlas y darles su lugar, su espacio, entonces tenemos que enseñar en la infancia a reconocer a este tipo de personas y respetarlas.

¿Hay alguna casa de acogida para niños haitianos?
En el cajón del Maipo existen muchas familias haitianas que están a lo largo de todo el territorio y particularmente en Casas Viejas, en Puente Alto, hay una gran extensión de tierra con muchas casas de gente afrodescendiente, algunos de ellos han comprado sus terrenos y otros se los han tomado, entonces hay mucha hacinación ahí, hemos hecho campañas de recolección de ropa, útiles, comida, sobre todo en pandemia, donde han escaseado los trabajos y también hacemos un llamado a organizarse para que puedan recibir educación de calidad y salud, entre otras cosas.

¿Cómo te has acercado a la comunidad haitiana?
Ha sido un gran desafío el acercarme a la comunidad haitiana, partiendo porque hemos estado la mayor parte del tiempo desde que llegó mi hija en pandemia. Hemos visto varios documentales de Haití, como los de la Sol Leyton, que los recomiendo al 100%.
Cuando veo a una persona afrodescendiente le pregunto cosas simples, como qué comidas cocinan, como cuidar el cabello, cómo es Haití. Les cuento nuestra historia y no me creen mucho cuando digo que su mamá biológica la dio en adopción, que su madre y padre no son de su mismo color, algo no les encaja. Pero nosotros seguimos adelante, agradecidos de la vida y del amor incondicional, que se multiplica cada vez que contamos la historia.

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